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Director General: Pedro Ricalde Arjona


Sábado, 22 de Febrero del 2020
Num. 1041

UNO POR DENTRO

Como frecuentemente hago ya que necesito una buena dosis de adrenalina para aguantar el día -, estaba viendo un noticiero mañanero de mucha difusión, y estaban entrevistando a dos reconocidos economistas de cuyos nombres no me acuerdo, hablaban de una reciente encuesta del INEGI del mes de enero de este año en la cual preguntaron a más de mil doscientas personas si pensaban que podrían comprar bienes de consumo duradero este año (automóviles, refrigeradores, etc.) y ellos en su gran mayoría respondían que no creían que lo pudieran hacer pues percibían que su situación económica familiar se estaba deteriorando. Así que en comparación con el mismo mes del año pasado, aparecía en las encuestas que había una falta de confianza en el desarrollo de la economía familiar.
    De lo anterior, se pude deducir fácilmente que, estamos en problemas de importancia y los señalados entrevistados, manifestaron que esa percepción era resultado de la inflación y el desempleo. Que no se estaban creando empleos de calidad y la inflación ya alcanzaba el 5 por ciento (espero que no sea mensual). Entonces el entrevistador les preguntó, el porqué de la diferencia entre la desilusión de la mayoría de la gente en México y la alharaca que están haciendo en un gran sector del gobierno con todo y revista “Time” en donde el presidente “Salva a México”, y preguntó si se estaba esperando una segunda venida en el Tepeyac, o sea, un milagro pues no se veía dónde estaba la salida adecuada.
    Sin opinar en relación con el milagro esperado, los economistas dijeron que no se estaba haciendo un proyecto de crear empleos con suficiente respaldo, es decir, empleos bien pagados, productivos y que tuvieran respaldo en materia de salud para los trabajadores, que existía mayor trabajo en la economía informal, pero que los que festejaban tanto en el exterior de país, como en el interior, eran los industriales y políticos a quienes les había ido bien, pues el dinero seguía siendo un flujo constante para ellos y no percibían ninguna carencia, antes al contrario, se hacían cada vez más ricos, pero que ese porcentaje de la población representaba aproximadamente el uno por ciento de nuestro país y el uno por ciento del extranjero a quienes les iba perfectamente bien el sistema económico actual y festejaban sus “triunfos” y sus futuros beneficios.
    O sea, la revista “Time” es para ese uno por ciento y para la “boblación” en general, esa población que no se hace cargo de su propio futuro, que se resigna; que está pendiente de las TV. Novelas y si la familia de la pobre hija de la Gaviota, ya la descubrió en sus veleidades; que se soba el lomo y espera con entusiasmo quincenal, el alza decretado por el gobierno al salario mínimo; que espera un regalo del cielo. Esa revista es una salvaje y descarada mentira y en eso si estoy de acuerdo con el Tabasqueño cuando dice: “Jolo el pueblo juede salvar al pueblo”.
    Señores, si aprecian la patria y quieren a sus familias si la tienen ya o piensan que el algún momento en el futuro la tendrán y se harán responsables de ella, apaguen sus televisores, agarren los libros que tengan en su casa y lean de “pasta a pasta”, reúnanse con sus amigos y compadres para leer y comentar diferentes lecturas, cada uno escoja un libro de su preferencia y lea unos quince minutos con ellos y ellos lean después el libro que llevó otros quince minutos hasta terminar toda la obra. No se reúnan en familia para tomar las “Chevas”, o háganlo si quieren después de leer algo interesante para cualquiera de ustedes. Ejercítense físicamente, imiten el programa de los “prepars”, que se están preparando para una hecatombe mundial, aunque no sea cierto, prepárense para representar su papel en el mundo de personas responsables, que se hacen cargo de su propio destino con base en su propia fuerza y esperanza y lo más importante, háganse los “remolones” cuando se trate de asistir a reuniones políticas; no aplaudan a los candidatos; no aplaudan a los funcionarios públicos que se dicen “servidores públicos” y se despachan con la cuchara grande (ustedes saben quiénes son); no aplaudan a la gente que se hace propaganda ofreciendo cosas que no tienen interés real; no crean en personas que dicen ser muy buenas y honestas, en este último caso, apliquen en viejo refrán que dice: “Dime de qué presumes y te diré de que careces”. Quien se alaba solo, le falta honestidad y mucho conocimiento y solo pretende ocultar su error. Es un fantoche irremediable.
    Cuando alguien cuenta algo (en la mayoría de los casos), está diciendo las cosas tal y como le conviene, generalmente no está diciendo la verdad o está ocultando la otra parte de la situación y esa es la que contiene la parte interesante del asunto, hay que aprende a desentrañar el sentido de las conversaciones, las manifestaciones o las lecturas. Siempre pregúntense: ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cuánto? Y, de ese modo, les aseguro que se evitarán muchos problemas, desilusiones y desengaños en su vida. Solo ustedes son como ustedes mismos, son únicos en la vida y son irrepetibles, una vez que cada uno de ustedes nació, se perdió el molde para siempre,  ustedes merecen, primero ustedes y luego… ya veremos. Solo el que tiene algo, puede dar algo.
    No crean en promesas vanas, no crean en falsos redentores, no crean en bonitos rostros con dientes blancos que nos sonríen (no en primera instancia), duden siempre, recuerden que un lobo muestra todos sus dientes no por amistad sino por advertencia o amenaza.
    Esto es aplicable a personas y a sistemas, los malos elementos terminan por alabarse solos, siendo el uno por ciento de la población, comparado con el noventa y nueve por ciento de la “boblación”, resulta que nosotros tenemos en realidad “UN UNO POR DENTRO”.
    Ya para despedirme de ustedes, debo asegurarles que por mi parte, dudo de todos y de todo, pero logro un acuerdo simple con todo eso que me rodea y siempre salgo beneficiado, me atrevo a compartirles algo que me ha costado un buen tiempo aprenderlo pero no me ha causado ninguna amargura, ahí les va: “Nunca confíen en nadie más que en ustedes mismos.” Estoy seguro que alguien más lo dijo antes que yo, pero no importa es bueno. Abur.
 

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