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Director General: Pedro Ricalde Arjona


Sábado, 22 de Febrero del 2020
Num. 1041

Táctica y estrategia: ¿quién está nervioso?

Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos. Mi táctica es hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible. Mi táctica es quedarme en tu recuerdo, no sé cómo ni sé, con qué pretexto, pero quedarme en vos.  Mi táctica es ser franco, y saber que sos franca, y que no nos vendamos simulacros, para que entre los dos no haya telón, ni abismos. Mi estrategia es en cambio, más profunda y más simple. Mi estrategia es, que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites.

¿Quién no leyó a Mario Benedetti y quién no conquistó o trato de conquistar el amor de una pareja susurrándole al oído este poema que vibra a flor de piel toda su sensibilidad y ternura?

Las campañas políticas llegan a su fin. Ha fallado la táctica y la estrategia y por lo tanto no ha habido amor entre el electorado y los candidatos/as. Las tácticas y estrategias han corrido hacia lo perverso, hacia la denuncia sin fundamentos, hacia la codicia más exacerbada y a la conquista o preservación del poder a costa de cualquier cosa.  Yo me pregunto -como diría Calamaro en su canción Mil Horas. - para qué sirven las guerras.

Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz fue un militar prusiano y está considerado como uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna. Es conocido principalmente por su Tratado de la Guerra, en el que aborda a lo largo de ocho volúmenes un análisis sobre los conflictos armados, desde su planteamiento y motivaciones hasta su ejecución, abarcando comentarios sobre táctica, estrategia e incluso filosofía. Sus obras influyeron de forma decisiva en el desarrollo de la ciencia militar occidental, y se enseñan hoy día tanto en la mayoría de las academias militares del mundo del mundo como en cursos avanzados de gestión empresarial y marketing.

En su teoría Clausewitz, analiza los elementos del odio, el cálculo y la inteligencia (dicho de otro modo, la pasión, el juego y la política) a los que forman, según su pensamiento, una «trinidad» inseparable. Alemania se basó en Clausewitz para unificar la conducción militar y la política durante las dos guerras mundiales del siglo XX. Observada con rigor, su filosofía indica que el cálculo de los militares (en este caso la estrategia) y la conducción política tratan de dirigir e instrumentar una tendencia a la violencia y la hostilidad preexistente. Sostenía que, aun cuando un conflicto se iniciara sin esa base emocional, su desarrollo necesariamente influiría en este plano. Clausewitz concebía la guerra como una empresa política de alto vuelo, sin desconocer la sangre y la brutalidad que implica. Por eso, consideraba que todos los recursos de una nación deben ponerse al servicio de la guerra cuando se decide su ejecución. Y pensaba que la guerra, una vez iniciada, no debía detenerse hasta desarmar y abatir al enemigo. “La guerra es un acto de violencia que intenta obligar al enemigo a someterse a nuestra voluntad y es la continuación de la política por otros medios”.

Hoy el proceso electoral de Quintana Roo parecería que está sacado de un capítulo de Clausewitz. Violencia, acusaciones de todo tipo, una carencia total de ideas para discutir los problemas que nos aquejan, son las estrategias que se están usando para llegar a la meta deseada: el hueso mayor. Curiosamente estos métodos se están volcando también hacia las contiendas municipales en donde pareciera que el competir por un derecho político ciudadano, significa lanzar la primera bola para la agresión, la acusación, la deshonra y el sacar o inventar todos los trapitos sucios que supuestamente estuvieron escondidos durante años y que se habían guardado porque la persona, en ese momento era de las nuestras.  La pregunta que surge es: ¿Cuál es el temor a que se ejerza la democracia? ¿De qué se tiene miedo? ¿Quién está nervioso?

Faltan escasos diez días. Como vienen las cosas, la decisión final del resultado de la elección terminara en una corte electoral. El caso más reciente ha sido el de Villahermosa, en donde el candidato ganó por una diferencia abrumadora, se buscaron todos los mecanismos posibles para anularla, se logró y en una segunda elección se volvió a ganar duplicando la diferencia de votos. La gente quiere mirar hacia adelante y saber que elegirá a alguien que le solucione sus problemas. Cuando uno va al doctor es para que le cure de sus males o le salve la vida, no para sacarse una foto con él o ella.  ¿cuántos zutanos, como diría Benedetti, andan por la calle creyendo que están vivos, cuando en rigor carecen del genuino irremplazable soberano certificado de existencia?

Sigue muy frio en Buenos Aires.
 

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