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Director General: Pedro Ricalde Arjona


Jueves, 19 de Septiembre del 2019
Num. 1007

Retomar el rumbo es poner fin a las inconsistencias existentes

 

Me encuentro una vez más lejos de nuestro querido Cozumel. El Foro Latinoamericano de Gobiernos Locales se está celebrando en Argentina, como preámbulo a la Reunión Cumbre de Jefes de Estado que se llevará a cabo en noviembre próximo en dicho país y a la Cumbre Mundial de Alcaldes que en noviembre próximo también, se celebrará en la ciudad de México. La agenda deliberativa es muy amplia y esta reunión me ha permitido compartir las experiencias de otros países tanto en materia de políticas públicas, calidad de gestión, seguridad urbana e inclusión social. Estos tópicos me han permitido reflexionar sobre Cozumel y su momento actual y quiero compartir con Uds, estas visiones y sentimientos.
 El “modelo” productivo llamado Cozumel,  tiene síntomas de agotamiento, pero sin embargo siento que mucho de los actores siguen pensando que mejorará y entonces quieren  dejar las cosas como están. Hoy Cozumel no solo está desperdiciando  la oportunidad de iniciar un proceso de crecimiento sostenido con estabilidad e inclusión social sino que, de no hacerlo,  profundizará las fisuras del actual  modelo.
 
Qué está pasando?  Ni más ni menos es que estamos viviendo un período caracterizado por un manejo de la economía local excesivamente cortoplacista, destinado a obtener resultados políticos inmediatos con escasa rigurosidad técnica.
 
La progresiva acumulación de inconsistencias y de actitudes bastante anacrónicas, cuyas consecuencias negativas no se observaron de manera inmediata, llevaron a los resultados que hoy están a la vista: Cozumel se está consumiendo como una antorcha que ha perdido todo su combustible. Me remito a los hechos: un turismo que disminuye, visitantes con menos capacidad  económica y  poder adquisitivo una política de cruceros que preferencia la cantidad de pasajeros sobre su calidad
.
Es claro que el impacto negativo empezó hace unos años cuando dejaron de cumplirse simultáneamente los dos requisitos básicos para crecer: el ingreso de divisas y la calidad de gestión, no necesariamente del gobierno sino también de los actores representativos que intervienen en el diseño y oferta  de la oferta turística. No hay duda que hubo un quiebre y ese fue primero el huracán, la vulnerabilidad del destino y luego la crisis económica más la de la influenza. Todo esto trajo un deterioro fiscal que interrumpió el proceso de disminución del flujo de visitantes  hasta desembocar en la situación actual,
 
Computando correctamente vemos que los números no cierran. Ya la derrama por pasajero o visitante no es la misma. Los niveles de consumo han bajado, los restaurantes están vacios, la vida de la isla se acaba a las seis de la tarde y hoy el municipio cuenta con una deuda de casi doscientos millones de pesos. Este déficit es equivalente al cincuenta por ciento del presupuesto anual de Cozumel. 
 
Hoy la oferta turística es pobre, se intenta potenciar más de lo mismo, con escasos resultados positivos. Por otro lado, para el turismo nacional las tarifas,  como ancla de la inflación, pierden competitividad ante el alza de los costos internos, lo cual genera un claro desincentivo al potencial visitante que busca destinos sustitutos. Las consecuencias son claras y están a la vista:  la desprotección de la industria local y  la pérdida de su capacidad de generar empleo.
Las estimaciones pronostican para fines del próximo año una inyección pasajera producto de la celebración del Ironman y de las fiestas decembrinas. Sin embargo esta revaluación relativa, para nada significa reflotar una inadecuada situación comercial que  ya comienza a impactar de manera más que negativa en el balance de los números finales del ingreso como destino turístico. .
 
Con escaso margen de error se podría estimar que, en 2010, el saldo del balance será inferior a los calculados para este año y, por lo tanto, probablemente insuficientes para financiar los compromisos contraídos.
Estos desequilibrios pueden resistir a lo sumo, un año más porque la economía global crece y la oferta de dólares, ya está circulando, pero bajo este escenario, a futuro, no resiste  un nuevo período de gobierno.
 
Por eso hay que pensar el día después. Hay que volver a crecer de manera sostenida, con estabilidad, creatividad y resolver el déficit crónico que hoy nos abruma, con  aumento de nuestra capacidad de reinventarnos.
Las perspectivas externas para los próximos años son claramente favorables. Crecerá la demanda internacional producto de la etapa pos crisis; los términos de intercambio seguirán siendo favorables; se mantendrá el flujo de inversiones directas hacia América latina y los países en desarrollo continuarán en un lugar destacado de decisión global. Aprovechemos todo esto, no nos quedemos fuera del tren del desarrollo moderno y competitivo.
Debemos retomar el rumbo perdido y recuperar la calidad de nuestras tradiciones.  Se torna impostergable recrear un ambiente económico, social, político e institucional que movilice las fuerzas productivas, atraiga inversiones y permita recuperar el tiempo perdido.
 
Retomar el rumbo significa iniciar un proceso gradual de resolución de las inconsistencias existentes. Pero el principal desafío no es económico, sino de visión política. Se trata de recuperar la fortaleza que hacen a la competitividad global: un adecuado manejo de las relaciones externas, un buen ambiente de negocios, estabilidad de las reglas de juego, eficiencia, calidad regulatoria y eficacia en el control de la corrupción.
 

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