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Director General: Pedro Ricalde Arjona


Miércoles, 20 de Noviembre del 2019
Num. 1007

No te has dado cuenta

 

El día de hoy compartiré con ustedes un artículo redactado por mi querida “hermanita” Irlanda Martínez Durán, en la cual hace énfasis a una anécdota que compartimos al inicio de nuestros proyectos en pos de las personas con Discapacidad Auditiva.
“¿No te has dado cuenta?”
    Luego de semanas de trabajo, viajes por varios municipios del vecino Estado de Yucatán, localizado al sur de la república,  llegó el gran día.
El objetivo de los jóvenes era dar la bienvenida a quienes llegarían de otros rincones del estado, guiarlos a la plaza principal, donde se realizaría una reunión masiva. Cuando llego al lugar, me doy cuenta que la mayoría de mis compañeros de jornada eran desconocidos. Nos fuimos presentando uno a uno y, de entre todos, sobresalía un joven de bellos ojos negros, mirada fuerte, fija en los ojos del otro. Su nombre: Amílcar Sosa.
Duramos varias horas trabajando, él muy atento me ayudó a llevar los materiales, me enseñó algunos consejos para hacer mejor mi labor. Ambos nos caímos muy bien, lo cual hizo fácil la tarea. Pasaron varias horas y, cuando todo acabó, nos situamos en un lugar adecuado para descansar. Fue allí, cuando me preguntó: -¿No te has dado cuenta?..... De que soy, sordo.
En ese momento sentí el peso sorpresivo de la ignorancia. A mis 15 años no había convivido antes con persona con discapacidad alguna, tenía el paradigma de que "Todos los sordos, son Sordo-mudos".
Cientos de interrogantes me abrumaron, cuando él, amablemente interrumpió mi diálogo interno... -Soy sordo, no mudo. Es allí cuando comenzó mi curiosa entrevista, le empecé a preguntar de su vida, de su rehabilitación (Fue cuando comprendí que su mirada atenta a la mía, era para lograr captar  el mensaje a través de la lectura labio-facial) y, para mi gozo y aprendizaje sucesivos, le cuestioné si manejaba la Lengua de Señas, a lo cual me respondió que no sólo la conocía, sino que era instructor.
El siguiente sábado acudí, con cierto temor debo confesar, al encuentro de Amílcar y un grupo de jóvenes sordos al centro de la ciudad. Me recibió con una gran sonrisa, y me presentó auxiliandome con las señas, a cada uno de sus compañeros.
Me prestó algunos de sus libros y me enseñó cosas básicas, dejando mucha tarea. Y asi fue, apliqué el tiempo durante la semana para practicar y fue, el sábado posterior, cuando el reto comenzó, pues Amílcar no acudió, pero mandó "estratégicamente" en su lugar a Raúl (otro joven amoroso, que dominaba las señas en español y algunas en la ASL: American Sign Language... pero carecía del habla).
Fue una gran prueba de disciplina, pero un honor. Aprendí con el fruto de la paciencia, de la generosidad y el conocimiento de "Amils".
Semana tras semana, la dificultad se incrementó. Recuerdo muy bien la ocasión, en que Amils me echó al ruedo. Me invitó a acompañarlo a un informe de la entonces Alcaldesa, persuadiendome con el argumento de que haría interpretación del tipo "Acompañante", es decir a su lado, apoyandole de manera individual a que lograra percibir el mensaje en su totalidad. Pero "no contaba con su astucia" pues, sorpresivamente, me llevó a un lado del podio en el escenario, me dio un par de indicaciones y me dejó allí, para interpretar a manera de "Conferencia" mi primer acto público.
Las experiencias se fueron acumulando. Las horas de práctica fueron incrementandose.  De LSM (lengua de Señas Mexicana) a español y viceversa. Nos veíamos muy seguido, comenzamos a formar planes en equipo: fundar una organización no lucrativa de apoyo al sordo, ese era nuestro objetivo y, lo logramos.
Perspectiva Silente del Mayab A.C. surgió así: entre las subidas y bajadas a los camiones mientras haciamos gestiones, trámites; en la sobremesa en casa de alguno de nosotros; bajo el calor del sol en las plazas públicas, en las bancas del OXXO del centro de la ciudad (valga el comercial) mientras tomabamos algún refresco...
Mis compañeros de la escuela y amigos (de otro círculo) se extrañaban de que prefiriera andar "haciendo antesala" en las oficinas de gobierno pertinentes, en reuniones de trabajo de la naciente OSC, a estar paseando como cualquier adolescente convencional.
Pero el experimentar la satisfacción de ir avanzando en mis señas, poder entender con mayor facilidad los mensajes señados y ser el "canal" de los mensajes que comenzaba a interpretar, era sumamente gratificante. Tanto que a 10 años de distancia, atesoro esta lengua que me regaló un joven sordo sin cuantificar las múltiples experiencias maravillosas que me regalaba junto con ella. Continuará…

 

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