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Director General: Pedro Ricalde Arjona


Jueves, 21 de Noviembre del 2019
Num. 1007

EL DISIMULO DE LA DECADENCIA.

OBRAS PÚBLICAS

ANDAMIOS.

Todos sabemos que las obras publicas son consecuencia del éxito económico pero no su causa directa, pues el éxito de un lugar lo hacen las personas no los edificios, estos solo venden una imagen muchas veces política en las inauguraciones, fotografías muy caras que duplican deudas o presenta a estos como resucitadores urbanos, eso podría estar sucediendo en Cozumel, y aunque en fisonomía urbana hay una buena labor se ve el contraste en la obra pública, que destruye para construir, con dudosa calidad y transparencia, con demasiados vicios ocultos que afloran antes de ser concluidas, como el parque Benito Juárez y sus fracturas, la avenida Juárez y sus encharcamientos, o dos botones mas de muestra como son el cementerio y el mercado municipal.
Es curioso, los últimos presidentes municipales al asumir el cargo sufren una especie de metamorfosis, se transforman de políticos a constructores, olvidando su función de administradores de servicios públicos municipales y se convierten en contratistas, en remodeladores de espacios donde la planeación y la calidad parece ser lo que menos importa, tampoco la afectación al comercio cada 3 años o la contrariedad ciudadana de la movilidad urbana todo hecho con aportaciones que ya impactan una deuda creciente o como queriendo, en el subconsciente borrar la imagen de sus antecesores eliminando infraestructura vigente, simulando una transparencia que genera un rentismo depredador entre funcionarios y ex funcionarios, otrora a veces enemigos políticos que resultan una especie de empleados de los funcionarios otorgantes. En el caso del mercado Benito Juárez donde se ejecuta la obra por un ex funcionario, una obra de mejoramiento con un costo de $2, 499,127 pesos licitación otorgada a la señora María Ernestina Chan Pech? Con un comité de obra fantasmagórico que debería revisar no solo su costo por exagerado sino por su mala planeación, como jardineras en las entradas, desniveles en los pisos, techos sin calcreto, dragones pluviales que inundan terrazas, sellamiento y desaparición de pozos antiguos de absorción como el de la imagen, y el colmo mientras a todos les piden despejar las banquetas en la calle 25 dejan en la cuneta al transeúnte con una banqueta de 50 centímetros pues el resto se convirtió en una terraza techada que al romper las tejas por descuido suplieron con lamina de zinc que producirá más calor, y una fachada de durok temporal y efímero lo que hoy ya empieza a bloquear la visibilidad del trafico que ya sucedía con un puesto en la vía publica en ese lugar, situación que podría originar accidentes que hoy se intentan evitar en otras esquinas. Otro botón de muestra es la remodelación del cementerio del centro con un costo de $969,930 pesos, un lugar histórico donde descansan abuelos y madres de algunos de nosotros que no somos tan vulgares pensando solo en el dinero sino también en mantener en seguro resguardo a nuestros antepasados en ese reposo eterno de los camposantos, obligación moral de nosotros los vivos que somos una prolongación de nuestros muertos, incluida las autoridades a quienes no les dijo nada los más de 20 robos del año pasado y la profanación de tumbas que resulto un dantesco tiradero de huesos que parece espanto hasta a Luzbel, el representante del mal de la efigie de San Miguel que resguarda la entrada del cementerio, mensajes y problemáticas no entendida que evidencia falta de seguridad, y no se trata de tener policías permanentes, aunque quienes yacen ahí lo merecen más que algunos políticos, se trataba de interpretar la coyuntura del mejoramiento, reconstruyendo una barda trasera de mampostería antigua y olvidada por donde se introducen o escapan los profanadores pero, insensiblemente se prefirió remodelar la fachada frontal que estaba en buen estado, y otros trabajitos extras, pues como dijera el director de obras publicas “ la gente pidió estética” lo que ante estos argumentos únicamente puede traducirse en una frivolidad que solo resulta ser de este santuario “el disimulo de la decadencia”, ojala pudiéramos  acudir a la historia, pues nunca como hoy son tan actuales aquellas palabras pronunciadas por Octavio Paz quien decía ¿Cómo podremos los mexicanos supervisar y vigilar a un estado cada vez más fuerte y más rico? ¿Cómo evitaremos la proliferación de proyectos gigantescos y ruinosos hijos de la megalomanía de tecnócratas borrachos de cifras y de estadísticas?... pues los caprichos de los antiguos príncipes arruinaban a las naciones pero al menos dejaban calles y monumentos, palacios y jardines, ¿Qué nos ha dejado la triste fantasía de la nueva tecnocracia?. Interrogantes pronunciadas casi 50 años atrás, palabras tan lejanas pero tan actuales y cercanas, o no? por ello los cozumeleños ojala dejaran atrás el laberinto de la conformidad y preguntarse si quieren  tener políticos constructores que engrandecen con sus aportaciones las deudas o administradores de servicios públicos municipales para una mejor calidad de vida.
 

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