Facebook Twitter RSS

Director General: Pedro Ricalde Arjona


Domingo, 19 de Enero del 2020
Num. 1041

El difícil momento del parto


Por Gustavo Ferrari Wolfenson


Los cambios de humor son típicos de las últimas dos semanas anteriores a un parto. Por una parte, muchas mujeres están ya cansadas de las molestias y solo piensan con ilusión en el momento en que podrán abrazar a su bebé. Por otra parte, si piensan en todo lo que viene después del parto, les asaltan las dudas: ¿podré con todo? ¿Cómo cambiará mi vida?

En las últimas semanas de gestación, las embarazadas comienzan a pensar más en el parto y crece el temor a las contracciones   o a posibles complicaciones. Sienten una especie de miedo al fracaso y, pese a estar bien informadas, lo que les aguarda es tan desconocido que les resulta imposible hacerse cualquier tipo de idea concreta.

Algunas procuran tocar poco el tema, pero a la mayoría le gusta hablar de ello. Para lidiar con los miedos, viene bien conversar con la pareja, con amigas o con familiares que hayan pasado por ese proceso y transmitan sentimientos positivos y tranquilizadores al respecto. En el curso de preparación al parto también se pueden compartir experiencias y ahuyentar los pensamientos más dañinos preguntando a la matrona o, dependiendo del curso, con ejercicios de yoga o con un masaje.

También es bueno moverse. Pasear, nadar o bailar reduce la tensión y hace que el cuerpo se sienta mejor. Si los miedos no te dejan en paz, tómate un tiempo durante el día para pensar en ellos y dedícate después a cosas más agradables o escribe esos pensamientos en un cuaderno, que luego puedes dejar apartado, igual que tus temores. También tranquiliza dejarse llevar por pensamientos banales, como ir a una zona peatonal y ver cómo va y viene la gente. Recuerda que todas esas personas han nacido de una mujer, así que, ¡tú también vas conseguirlo!

Los tiempos de parto se entremezclan en estos días con los tiempos electorales. Son casi los mismos estados de ansiedad y de nervios. Son los mismos estados de gravidez que se enfrentan a la alegría o a la resignación. El fruto o el elegido emergerá de la voz rectora de la partera de  turno.


En el capítulo XII de su célebre obra Levitan, Thomas Hobbes  discute quién debe ocupar la soberanía (el rey o el Parlamento) y define la necesidad de crear un contrato social para establecer la paz entre las personas. Hobbes se plantea la figura del  poder. Por qué debe existir y cómo ha de ser. La figura del contrato social es clave para responder a estos interrogantes. Para Hobbes, si a lo último básico y fundamental a lo que se puede reducir  la naturaleza humana es a un instinto  de conservación y si la naturaleza humana no hace distinciones sociales y políticas, los hombres, por tanto, son iguales por naturaleza. La naturaleza humana es un instinto de conservación al que cada uno tiene derecho, pero la consecuencia de este es un enfrentamiento entre las personas, es decir, las guerras.

Hobbes escribe “De esta igualdad de capacidades surge la igualdad en la esperanza de alcanzar nuestros fines. Y, por ende, si dos hombres cualesquiera desean un mismo bien que no puede ser gozado por ambos, devienen enemigos y en su camino hacia el fin (que es principalmente su propia conservación, y a veces solo su delectación) se esfuerzan mutuamente en destruirse o subyugarse [...]. Es por ello manifiesto que, durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los obligue a todos al respeto, están en esa condición que se llama guerra, y una guerra como de todo hombre contra todo hombre.”

Yo confió que el contrato social que tanto espera la sociedad para su progreso, para mejorar su calidad de vida, para fortalecer los principios rectores de la democracia y para lograr una mejor educación, salud, vivienda y alimentación, sea el alumbramiento surgido de la consecuencia de una decisión que deje de lado  todo tipo de ambiciones y apetencias.
 

Lo mejor de

 

 

 

 

 

 

 

Los Países que más nos visitan

Facebook    Siguenos

La Opinión de hoy