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Director General: Pedro Ricalde Arjona


Viernes, 22 de Noviembre del 2019
Num. 1007

El desprecio por la gente y el abuso de autoridad.

 

Riviera Maya, domingo 13, 9 am. Hotel Princess. Una mañana cualquiera. La fatídica “hora pico” y la osadía de querer desayunar. De pronto una explosión destroza uno de los restaurantes del complejo. Mueren 7 personas de diferentes nacionalidades, 15 heridos con lesiones considerables.  El hotel no reacciona, o cuando reacciona se encuentra con un caos. No deja entrar autoridades, niega el ingreso al procurador, los guarros “madrean” a los compañeros reporteros. Quién posee la autoridad? Las instancias estatales correspondientes o las administrativas del hotel. Desde cuándo o quien les confirió a los empleados de los hoteles la potestad de sentirse parte de la naturaleza humana sin más atenuante que el del autoritarismo? Somos congruentes o incongruentes.
Pero situaciones cotidianas ya no sorprenden. Nos acostumbramos o las toleramos en torno a la tan dibujada “derrama económica” que cada día leemos que se incrementa y que cada día por otra parte, sentimos que no la encontramos en ninguno de nuestros bolsillos.  
 
Será acaso que creemos ser los únicos inmersos en una masa humana donde las diferencias se emparejan hasta convertirnos en autómatas reaccionando con idéntico tino frente a las adversidades.
Todos sentimos el pasado lunes, al ver las imágenes que nos mostraban, las declaraciones que se pronunciaban y las agresiones que recibía la prensa una especial indignación. Sin embargo, la queja se descarga entre pares y los  funcionarios se contradecían  buscando tapar el sol con las manos.
Al ver ese escenario me recordé como semanas atrás, fui víctima de esa misma indiferencia de parte de uno de esos hoteles que ante los ojos de mundo se vanaglorian que sus estrellas se fusionan con las del cielo. 
A fines de septiembre  tuve el gusto de ser el invitado especial del gobierno del Estado para disertar en el Seminario para autoridades electas de los nueve municipios. Fueron tres días muy ricos de intercambios de opiniones entre los 9 futuros presidentes municipales, los diputados al Congreso del Estado y todos los regidores electos.  Se compartieron proyectos, preocupaciones sobre el estado propio de cada comuna, los recortes que se deberán hacer para poder "flotar" (no gastar)  durante los próximos tres años y las realidades concretas de que la situación no sólo esta difícil sino en algunos casos crítica.
 
El evento tuvo lugar en el famosísimo Hacienda Tres Reyes, un complejo "All Inclusive" de siete estrellas que permite disfrutar las bellezas naturales con un ambiente minimalista de alta calidad y confort (así lo venden ellos). Dada mi condición de orador principal e invitado del gobierno, me fue adjudicada una de las suites más selectas del hotel. Jacuzzi en el balcón, cómoda cama, un ambiente "lounge" digno de un pasaje de James Bond y demás elementos de calidad. Como al finalizar el evento partía de gira de trabajo para el exterior, tenía en mi poder cierta suma de dinero que sería utilizada para pagar el pasaje y la estadía durante los días de mi estadía fuera del país.   Como prudente viajero, puse el dinero durante tres días en la caja fuerte del cuarto y me apreste a iniciar mis actividades. El ultimo día horas antes de la clausura empaque todas mis pertenecías, saqué el dinero y lo puse en un sobre, que a su vez metí en una cartera de documentos, que a su vez lo metí en otro portafolio y todo adentro de mi maleta que cerré con los respectivos cierres y guarde dentro del closet. Jamás me hubiese imaginado que cuando regrese a las dos horas a buscar todo para hacer el chequeo de salida, me encontré con la maleta abierta, todo revuelto por el piso y  el faltante del dinero. Eso en la suite cuasi presidencial de un hotel siete estrellas ???????.
 
Inmediatamente gran despliegue, llamado a seguridad, corres y diretes a granel, pero en definitiva el hotel decía que como no estaba en ese momento el dinero en la caja de seguridad no era su responsabilidad. Mas allá de poder reconocer mi falta, creo que no estaba alojado en un hotel de la calzada de Tlalpan o Tacuba en el DF, (con respeto a sus propietarios, tan dignos como cualquiera). Lo más extraño fue el trato lamentable y hasta autoritario  que sufrí por parte de los responsables del hotel que en ningún momento no sólo asumieron su responsabilidad, ni preocupación por el suceso, sino que además la "cordialidad" propia de un hotel de esas características, quedó archivada en la pagina del manual de relaciones públicas de Pablo Eyzaguirre. Me que me tuvieron prácticamente tres horas encerrado en mi cuarto, (dizque que averiguando), sin siquiera ofrecerme algún alimento (como ya había hecho mi check out ya no tenía derecho a consumir nada) y más aun luego de diálogos de sordos y presta la noche, en ningún momento me preguntaron si tenía dinero para trasladarme a alguna parte, por lo que cual opte por agarrar mi maleta y caminar el kilometro y medio hasta la carretera federal y al no haber taxis visibles, esperar la combi Cancún-Playa para llegar a mi destino. Como verán esta aventura siete estrellas no tuvo un final feliz. El hotel reiterando mi responsabilidad por no dejar las cosas en la caja de seguridad del cuarto y yo señalándole que con esa posición yo debería haber guardado mi ropa, cepillo de dientes, chones y rasuradora en la caja fuerte dado que la maleta fue abierta y todo sacado.

 En definitiva, unos testimonios de unos empleados del hotel  indicaron días después haber visto a la camarera del cuarto contando un sobre de dinero. Se hizo la denuncia ante el MP aun sin suerte, y mucho menos preocupación del hotel. Como consuelo me llamaron por teléfono ofreciéndome dos días de estadía para que "cambie mi imagen del hotel y reciba la hospitalidad que se merece...... Eso sí antes de aceptar esa cortesía yo debería firmar un documento en donde el hotel era lo mejor del mundo y jamás había pasado nada entre nosotros.

 
No quiero hacer más largo esta historia aun sin final, ya que me encuentro en la total indiferencia del hotel. Sin embargo, solidarizándome con el dolor de las familias de las víctimas y esperando que la culpa del accidente no la tengan los turistas por haber querido ir a desayunar a esa hora,  quiero preguntarme  hasta qué punto somos responsables de lo que vivimos -o de aquello que no vivimos- por ese tiempo perdido en burocracias e inequidades fruto de una queja que no se plasma en votos emanados de ningún aprendizaje, porque todo parece ser  de un realismo mágico que excede cualquier panorama razonable. 
 
El escenario se presenta crítico. No es posible que los hoteles ignoren las autoridades oficiales correspondientes y no les permitan auditar, controlar y certificar sus instalaciones. Hacen y deshacen lo que quiere, ponen sus propias reglas, pero cuando suceden los problemas salen a buscar la protección oficial. Pareciera que todo es un circo confirma circo. Y en ese cometido hasta el payaso más absurdo o el equilibrista más suicida pueden terminar “conquistando” voluntades. ¿De qué depende? Ni más ni menos que de entender que no es normal aceptar ciegamente este Cambalache de atrocidades, que van desde una mordida  hasta un simple sentimiento de vejación.
 
Eso si esperemos que a los familiares de las víctimas no les ofrezcan cuatro días de estaría para revertir la imagen del hotel. Asumamos que el tiempo es el único recurso no renovable...

 

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