Facebook Twitter RSS

Director General: Pedro Ricalde Arjona


Jueves, 2 de Abril del 2020
Num. 1041

DON JOSÈ JIMÈNEZ, EL CAPITÀN LAGARTO, TODO UN PROFESIONAL DEL MAR, TIENE SU PROPIA HISTORIA QUE CONTAR EN COZUMEL

 

José Ramiro Jiménez Pérez, nació en Punta Pájaros, Municipio de Felipe Carrillo Puerto, el 22 de agosto de 1943. Pasó su niñez junto al mar, en una zona donde había pocas, o ninguna oportunidad para estudiar, en el México que transcurría la Segunda Guerra Mundial, cuando esto era el Territorio Federal de Quintana Roo, y en ese entonces la Secretaría de Educación Primaria, no cubría todas las necesidades de alfabetización, de los niños mexicanos. Vivió su infancia en la hoy Reserva de Sian Ka’an, en la Costa Quintanarroense. Sus hermanos mayores, fueron regularmente a la Escuela Primaria Rural, él fue solamente unos tres años, pero sus hermanos se encargaron de enseñarle, lo que ellos habían aprendido, pues él desde muy chamaco, dejó de estudiar para dedicarse a trabajar, en lo que pudiera a su corta edad.
    Durante una época, la Secretaría de Educación Pública (SEP) mandó un profesor rural, para alfabetizar a los hijos de los guardafaros, su padre era un guardafaros de Punta Herrero, localidad que también se encuentra en el hoy Municipio de Felipe Carrillo Puerto. En esa escuela, sus hermanos mayores, sí terminaron la Educación Primaria. Su familia visitaba anualmente la Isla de Cozumel en junio, para participar en las Fiestas de San Pedro y San Pablo. Pero en la década de los cincuentas, dos huracanes (“Janet” e “Hilda”) devastaron la Ciudad de Chetumal, y arruinaron la economía donde vio pasar sus primeros años. No quedó ninguna palma de coco.
    Entonces la familia, vino a la “Isla de las Golondrinas”, para buscar otros horizontes. En Cozumel, ingresó en la Escuela Benito Juárez, pero nunca pudo graduarse de sexto año, a la edad de 13 años el adolescente tuvo que ayudar en la economía familiar. Fue entonces cuando se hizo ayudante de toda clase de faenas, en los barcos que salían de esta isla tropical. El jovencito empezó a trabajar en las embarcaciones, “Claudio Canto Anduze” y “María Fidelia”, así empezó su larga carrera como marinero. Muy gustoso de navegar, colaboró siempre con capitanes que se daban cuenta del entusiasmo del muchacho, y con mucho gusto, le enseñaron todo lo que pudieron.
    Entonces empezó a cultivar amistad y ser discípulo de los capitanes: Carmen Canto Caamal, Miguel Sauri y Abraham Ávila (Capitán Araña). Comenta que no eran personas egoístas, y que con mucha cortesía le enseñaban sus conocimientos, de manera empírica. Aún cuando el joven Jiménez Pérez, no se había graduado de su Educación Primaria, comenzó a estudiar mucha geografía, el arte de la navegación, e incluso algo acerca de meteorología, así fue como empezó a estudiar esa profesión. El entusiasmo nunca disminuyó, los conocimientos rindieron sus frutos, ahora la gente profesional, le confiaba trabajos más complicados, pues estaba demostrando que cada año, era un individuo más competente. Sin buscarlo… el éxito llegó en 1965, pues uno de los capitanes se dirigió a él para decirle: “Tú ya puedes manejar un barco”. Esa indicación, es como cuando un pasante universitario, es aprobado por unanimidad, en su examen profesional.
    Ya no era un simple chamaco, que no había podido graduarse de Sexto Año de Primaria, ahora era un adulto muy profesional, pues se había preparado empírica y academicamente. Pero para eso, necesitaba documentos legales, de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). En esos años llegó el Capitán de Puerto, Humberto Camargo Campos, quien le aplicó un exhaustivo examen de navegación, y le dio el Visto Bueno… se le otorgó una Licencia de Contramaestre. Ahora podía firmar los despachos de navegación. No estaba conforme con sus conocimientos, pues no deseaba ser un hombre mediocre, entonces empezó a comprar su propia literatura de marinería, para hacerse más profesional. Así llegó el año de 1975, y se le aplicó en Puerto Morelos, otro examen de marinería, pero ahora de un nivel más alto, se le entregó su Licencia de Patrón de Costa, para pilotear embarcaciones con cascos de madera y de acero, de hasta 400 toneladas de desplazamiento.
    Así que se dedicó a esa profesión, le confiaron capitanear los barcos: “El Vagabundo”, “El Fernando M”, y el “José Alfredo”. Aquellos eran barcos de carga y pasaje, se navegaba la ruta Puerto Juárez Cozumel, recorrió esos traslados durante ocho años. Después se inauguró la Carretera Cancún Puerto Morelos. Con esta nueva carretera, se instaló la ruta Puerto Morelos Cozumel, el Gobierno Federal mandó sus primero ferrys, que eran unos barcos muy viejos. Fue en esos años, cuando empezó a trabajar con la Familia Molina, en la ruta Cozumel Playa del Carmen, con ellos trabajó durante quince años.
    Después renunció, y se dedicó a la pesca de tiburones, para la empresa RODMAN, era una empresa del Gobierno del Estado de Quintana Roo. Esta empresa, tenía su propio astillero al norte de Puerto Morelos, ahí permaneció hasta la década de los ochentas. Aunque también trabajó en la Naviera Turística de Quintana Roo, como Capitán del “Xel Há” (aquel famoso barco, que fue embestido por el crucero “Enchantment of the Seas” / “Encantamiento de los Mares”, a plena luz del día en 1994). Posteriormente en esa misma empresa, fue Jefe de Operaciones, renunció en 1995 para capitanear la lancha “Mimí”, del Lic. Ramón Villanueva. En el año 2005, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) lo jubiló.
    El ahora abuelo, tiene a su hijo Cecilio Hermilo, quien es Analista y Programador de Computadoras, y a su hija Sofía Guadalupe Jiménez Bastarrachea, quien es Entrenadora de Delfines. Ellos le han dado cuatro nietos. Este mexicano vivió en la pobreza, y entendió que la única manera de salir de esa vida, era trabajando muy duro y estudiando con ahínco, otros mexicanos, cuando ven que la cuesta está muy inclinada, se entregan a la pereza y el conformismo, él no… le buscó el modo y lo encontró. Actualmente cuando un mexicano, quiere ser Capitán de Barcos, estudia primaria, secundaria, preparatoria y después entra a la Heroica Escuela Naval Militar de Veracruz, o busca otra opción, pues muchos aspirantes son rechazados.
    Pero José Ramiro no pudo estudiar todo eso, la necesidad de corretear la chuleta desde la adolescencia, lo obligó a buscar otro camino. Al no poder llevar una educación regular, por falta de recursos económicos, se hizo autodidacta, se pegó con personas que pudieran enseñarle algo de provecho, al que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija. Otros mexicanos, prefieren conseguir cualquier empleo mediocre y mal pagado, y cultivar amistad con quien los enseñe a fumar, emborracharse, consumir drogas ilegales, decir maldiciones, hacer maldades y andar de mujeriegos, sin aprender ninguna profesión útil para la humanidad. Son los mexicanos que consiguen cualquier empleo, para el que no se necesita estudiar, son los mismos mexicanos que ven pasar los años, dándose cuenta de cómo otros individuos, progresan y alcanzan el éxito, son los mexicanos enanos de cultura, que llegan a viejos, lamentándose demasiado tarde, por no haberse esforzado cuando su juventud, se los pudo haber permitido. Aquellos que nunca, pudieron darle buenos ejemplos a sus hijos, y después se lamentan de que sus hijos son unos “Don Nadie” buenos para nada, sin reconocer que los hijos, hacen lo que ven en la casa. José Ramiro Jiménez Pérez, es otra demostración contundente, de que hace más el que quiere lo que hace, que el que hace lo que quiere. Sus descendientes están muy orgullosos de él, tanto su hijo Cecilio como su hija Sofía, siguen el ejemplo de su padre, y no dejan de estudiar, porque han aprendido que es la única manera de alcanzar el éxito… ¡la superación constante!
 

Lo mejor de

 

 

 

 

 

 

 

Los Países que más nos visitan

Facebook    Siguenos

La Opinión de hoy

» gabriela_sanchez57@hotmail.com
cel 5516925933:

gabriela reyes sanchez para eloina jimenez gallardo
23/01/2020 04:37:17