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Director General: Pedro Ricalde Arjona


Domingo, 19 de Enero del 2020
Num. 1041

ANECDOTARIO DEL BAUL

MARIA MERY Y MARY

Hola queridos involuntarios

Mi abuelita Niní también como mi mamá, tenía muchos amigos. Se quedó sola muy joven y con dos hijos, había que trabajar. Fue costurera de teatro y conoció a una infinidad de artistas, claro de su época y también mi mamá.  Mi mamá cantaba  muy bien, pero eso es otra cosa. Como mi abuelita tuvo que trabajar, dejaba encargados a mi mamá y a mi Nino que estaban chicos. Los cuidaba una señorita: mi abuelita le decía María, mi mamá le decía “Mamá Mery” y por ese nombre nosotros también. Ayudaba a otras amigas, yo la consideraba muy buena, cuidando a un niño sin papás, que la vio como su mamá hasta el fin de su vida, se llamaba Carlos. Mi mamá fue muy agradecida, y nunca la dejó de visitar cada que se podía. Nos llevaba a Aída y a mí,  cuando no teníamos adonde ir (ya saben que los domingos eran días muuuuy ocupados). Era una señorita, ya grande  y gordita. Nos gustaba como cocinaba (un día hasta me chupé el plato del postre, con su correspondiente regañada), ya en la tarde, Carlos tocaba el piano. Luego, cerca habían tres cines y nos llevaban después de comer o jugábamos con los niños vecinos, ya que crecieron se portaron muy mal con “mamá Mery”, (cría cuervos…).
Mery, era otra amiga de mi abuelita, delgada y muy simpática, que vivía en la calle de Moneda en el centro de la ciudad en una casa de esas de la Colonia grande, con muchos cuartos y tenía un hijo que se llamaba Beto, su esposa se llamaba Irma, dicen que era judía gorda y pecosa, sus dos hijas jugaban con nosotros en sus patios enormes de antes. Mi abuelita y mi mamá, se sentaban en la sala a platicar “cosas de grandes”, que son tan atractivas para los chicos y cuando no quería que oyéramos  nos hacía señas con los ojos, nosotros hacíamos como que no veíamos. Al fin se aclaraba la garganta y entonces si era momento de huir.
Mary era novia de mi Nino, y nos dejaba que la peináramos, la despeináramos, todo lo que se nos antojaba que le hiciéramos. Ahí no había niños con quien jugar.
¿No había y entonces Mary, qué?. Gracias a todos ellos.
Hasta otra.

 

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